Noticias importantes para el cambio. Protocolo, vergüenza y Edad Media

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Varias personas mayores intentaban buscar asiento. La sala repleta excepto las dos primeras filas. Un cartel de reservado las tornaba inaccesibles. Al final, los ancianos, tuvieron que quedarse de pie tras las sillas. Más de media hora esperando para ver el espectáculo de la banda municipal y el baile flamenco de la escuela municipal. Pasados diez minutos de la hora prevista, tarde, llegó el alcalde. Le acompañaban algunos conejales y acompañantes sin más cargo de amistad o familiaridad. Levantaron las barreras que protegían sus asientos y los ocuparon.

El protocolo perverso

En la Edad Media los privilegios de los reyes, nobles y prelados de la iglesia católica venían de su dios. Esa divinidad les otorgaba privilegios sobre el resto. Normas que debían ser respetadas por el pueblo. Ni se les podía denominar ciudadanos. Este concepto implica una serie de derechos e igualdades que entonces no existían.

Entonces, existían tres categorías, los nobles y realeza, los eclesiásticos y los siervos de los dos últimos. Como además este orden provenía de dios no había posibilidad de cuestionárselo. Cualquier intento de subvertir estas normas era delito, herejía, las dos cosas o locura. Basados en esta estructura que las clases dirigentes trataron de mantener, se creó el protocolo. Una serie de normas que reafirmaba esa relación piramidal de la sociedad.

Protocolo y políticos

Un político es alguien que se presenta al cago por propia voluntad. Que debiera tener presente que trabaja para sus jefes, los ciudadanos que le han elegido. Que es igual que ellos y que no debe poseer ninguna prebenda más que otro trabajador, madre, padre o ciudadano en general.

Ya no sólo nos referimos a sueldos estratosféricos, ventajas en viajes, seguros, coches pagados gratuitos, comidas, tarjetas de crédito, asientos en la primera fila de los actos, sino a tratamientos anclados en una historia que es perversa.

La nobleza, los reinados, los poderes eclesiásticos no han llevado más que a las represiones, las hambres y los sufrimientos.

Ahora en 2012, ya no tienen sentido. Ningún ministro, rey, diputado, senador, alcalde, debe ser tratado más que como otra persona. Considerarlo así es poner al ser humano y su entorno el centro de cualquier interés o acción de lo que llevamos a cabo.

Los egos desmesurados

Poner una calle con el nombre de un concejal, un estadio, una plaza de todos con el de un alcalde, un premio con el nombre de un personaje relacionado con la realeza, es algo a considerar. No corresponde la justicia de las igualdades entre todos nosotros y sólo indica o deseo de dominio de unos sobre otros o egos desmesurados.

Un político sólo ha hecho lo que voluntariamente ha escogido hacer, servir. ¿Por qué necesita ese reconocimiento en forma de nombre en una plaza en el rincón de una calle, en la entrada de un edificio? Una placa que además le cuesta a un ciudadano que debe pagarlo con sus impuestos. Mucho más perpetuarse en un cuadro o estatua. Se da de bruces con el servicio al pueblo. Habla de la profesionalidad de los que llevan años agarrados a sus puestos, en un sistema de elección injusto. Una manera de ser elegidos que no desea cambiarse para que el sistema se perpetúe. Habla tala vez de la falta de vocación de la clase política de su deriva hacia la profesionalidad. No sirve, sólo se sirve así y a su partido.

Si uno elige volcarse hacia los demás desde un cargo político debería llevarlo a cabo no porque sus carencias psicológicas necesiten ser llenadas, sino porque en realidad tiene vocación. ¿No serían necesarios test psicológicos para saber del equilibrio de un futuro dirigente? ¿Por qué no pruebas para saber de su calificación para el cargo que deben ocupar? ¿No es lo normal en la elección de un trabajador para una empresa o función pública?

Cuando se entra en las distancia cortas con los políticos, en general, se siente compasión por su corrupción y desequilibrios en la personalidad a un paso de la terapia. Corruptos en el sentido de alguien que hace algo malo a las personas o las cosas.

Así es difícil que uno de estos personajes no desee perpetuar su perversión a través de colocar el nombre a algo que pertenece a los ciudadanos: calle, plaza o centro. Nos sirven de espejo para ver nuestras carencias. En cualquier dictadura se mantiene que el pueblo es como un niño. Debe ser guiado o sometido a castigo en el caso de desviarse de las premisas del líder. Para ello se necesita ejército, policía y algo más sutil, protocolo. Algo que hace que unos se sientan en un lugar inferior a los que se les considera tocados por la gracia divina.

En cualquier presentación pública se comienza por dar las gracias al político de turno y en último lugar a los ciudadanos.

¿Es que los concejales, alcaldes, rey, ministros no son ciudadanos? Por otro lado ¿Quién es más importante el viejecito que trata de buscar un asiento o el concejal que tras llegar tarde se sienta en la primera fila para que su ego se regocije? Ambos son iguales. La diferencia es que por el primero por edad posee una dificultades que los demás podemos ayudar a mitigar con la compasión y el deseo de que deje de sufrir. Ahí está el concepto de oro del cuidado por el ser humano.

¿Hasta que punto debemos tratar a personajes cuestionables, ministros, el rey, ediles o concejeros como seres anclados en la edad media a los que debemos pleitesía? No les ayudamos a solucionar sus problemas psicológicos. No nos ayudamos a nosotros a superar nuestros complejos.

Servir para sentirse importante

Algunos historiadores franceses de la Escuela de los Anales investigaron sobre las relaciones de poder en la Edad Media. Uno era más o menos importante en función de a quien servía. El que quitaba el orinal al rey, se encornaba en una escala superior al que se ocupaba de la bacinilla del duque.

Si necesitamos tanto repetir señor ministro, excelencia, alteza ¿no será porque hay una necesidad de sentirnos importantes? He estado en una recepción en la que estaba el ministro, dice alguien que parece tocado por el dedo de dios ¿es que ese señor o señora no son idénticos a cualquier ciudadano? ¿Qué carencias proyectamos en esos personajes?

Si vemos una calle con un nombre de un político, quizá haya que sentir pena por el ego tan enorme y los problemas psicológicos que esa persona tiene para llevar a cabo una acción como esa.

¿No sería más conveniente empezar un discurso dando gracias a los asistentes, en general, sin hacer ninguna mención a “las autoridades”? Les ayudaríamos. Además, les trataríamos como en realidad son, personas normales. ¿Por qué darles las gracias por el esfuerzo que el ayuntamiento, el ministerio, la concejalía, ha realizado? Es su obligación. Nosotros somos sus jefes y ellos deben mostrar el respeto hacia el pueblo que les ha elegido.

El rey, los ministros, consejeros, concejales y demás cargos públicos son nuestros empleados. Como tales merecen nuestro respeto, sin más, como cualquier ser humano. Todo el resto es regresar a una Edad Media con una relaciones que tanto mal y sufrimiento hay llevado a la Humanidad.

El alcalde del pueblo debía haberse quedado de pie. Por llegar tarde. Porque es uno más. Porque está ante sus jefes. Por deferencia hacia los viejecitos que necesitan más que él un asiento para ver un acto que han pagado a través de una vida de impuestos, sufrimientos por verse sometidos a las pleitesías de protocolos perversos y ancestrales.

Ya está bien, cambiemos.

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Un comentario sobre “Noticias importantes para el cambio. Protocolo, vergüenza y Edad Media

    Elemento Cero (Wolf) escribió:
    agosto 14, 2012 en 10:33 am

    Los protocolos son las herramientas preferidas de las fuerzas conservadoras, que dominan incuestionablemente casi todos los estratos de nuestra sociedad. Podrían entenderse, en cierta manera, como doctrinas y enseñanzas relativas a una fe, defensora del sistema de clases socieles y de las diferencias de nacimiento entre personas. En pleno 2012 seguimos anclados en un primitivismo social difícil de explicar, y todo por replicar conductas heredadas sin examinarlas detenidamente con carácter previo.

    Nuestra especie se fundamenta en la imitación para aprender, y en las escuelas no se enseña el espíritu crítico, se enseña a obedecer y a hincar la rodilla en el suelo en actitud servil, ya sea ante un líder concreto o ante un sistema injusto. Los medios de comunicación potencian la pasividad y la asimilación de roles sociales de la misma manera. No debe extrañarnos que unos se crean dioses y los otros acepten tal argumento sin rechistar.

    No obstante, hoy en día tenemos acceso a un sinfín de información -en la red-, y deberíamos ver con rechazo ese halo de absolutismo que impregna a nuestros representantes políticos. No son reyes soles, ni nada que se les parezca; son personas, que no nos hagan creer lo contrario.

    Un saludo.

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Muchas gracias.Thanks so much. Merci.

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