Noticias importanets para el cambio.Elige tus palabras porque cambian tu energía

Posted on Actualizado enn

Excelentes reflexiones de Raquel Rús. www.raquelrus.es.

Ya en épocas muy remotas el ser humano ha usado mantras, rezos, hechizos o cantos con una intención clara: lograr lo que deseaban. La palabra era usada como un método para traer al plano material lo que estaba sólo en la dimensión de las ideas.Copia de unnamed (1)

Antes eran los místicos o religiosos los que le daban importancia, hoy se suman los neurocientíficos y otros profesionales de corte más racional. Entre ellos, el neurocientífico alemán Manfred Spitzer, que realizó un experimento para comprobar los efectos de las palabras. Utilizó un texto en el que aparecía repetidamente la palabra «Viejo». Después de leerlo, incluso los más jóvenes, andaban más despacio durante un tiempo. En cambio al hacer la misma prueba con la palabra «Deporte» aceleraban el paso y con la palabra «Biblioteca» su tono de voz bajaba.

Lo diga quien lo diga el resultado es idéntico: las palabras nos afectan profundamente. Las que escuchamos y las que decimos.

Otras investigaciones han comprobado que el cerebro reacciona mucho más a las palabras negativas que a las positivas. ¿Por qué? Porque las primeras suponen un peligro.

La prioridad de nuestro cerebro desde el principio de los tiempos es que nosotros sobrevivamos. Ni que tengamos amigos, ni que seamos amables, ni que no dañemos a nuestra pareja con lo que decimos. Sobrevivir es su misión principal. El tema es que nosotros ya no queremos sólo sobrevivir, deseamos vivir. ¡Ahora hay que contarle eso a nuestro cerebro!10439452_773515139404740_851115942360767190_n

Llevar al consciente mecanismos arcaicos inconscientes no es algo que ocurra de un día para otro. Primero hemos de desearlo, luego tener la firme intención de hacerlo, pasar a la práctica ocasional y, a fuerza de repetición, convertirlo en una rutina. Mientras no lo hagamos cada vez que tengamos estrés, en nuestra cabecita saltará la alarma que inhibirá nuestra capacidad para ser empáticos, nos pondrá a la defensiva y hará que digamos lo que no deseamos decir.

Esto tiene efectos muy concretos a nivel físico ya que las palabras son vibraciones y nuestras células reaccionan a ellas. Si escuchamos algo que nos provoca ira notamos que nuestra respiración se agita, incrementa la frecuencia cardíaca y sentimos el impulso de avanzar hacia el objeto que la causa. Estos son sólo algunos de los efectos que, además, harán que lo que digamos tampoco sea muy amoroso. Es interesante que ya haya cardiólogos defendiendo que ser más comprensivos, compasivos y expresivos, mejora la salud del corazón.

La mayoría de la gente no siente ira a diario, lo que sí es habitual es el estrés. Tanto que hay quienes ni saben que lo tienen. Consiste en una respuesta múltiple del organismo ante algo que considera amenazador. Esto puede ser el jefe, la suegra o el presidente de la comunidad. Ninguno de ellos es probable que sea un peligro para la vida de nadie, sin embargo, el cuerpo lo interpreta de esta manera. Por eso dirige la sangre a piernas o brazos para que, si es necesario, podamos huir. Y la retira de las zonas que nos ayudan a pensar con claridad o conectar con nuestros sentimientos. También se generan radicales libres y baja el sistema inmune. Naturalmente aquí tampoco podemos tener una comunicación equilibrada.

Por el contrario, al sentirnos felices baja el nivel de estrés y entramos en un ciclo positivo en el que cada vez estamos mejor.

Las palabras que digamos en esos momentos, sin duda nada tendrán que ver con las que diríamos sintiendo ira o ansiedad. De hecho, al hablar con otras personas, si esa interacción es satisfactoria liberaremos hormonas como la oxitocina y la beta endorfina en nuestro cuerpo. Ambas muy beneficiosas.

Juan Peláez
Juan Peláez

Es interesante saber que el cerebro no sólo reacciona a lo que sentimos, también lo hace a lo que fingimos sentir. Esto quiere decir que si estoy muy, muy enfadada y sonrío, mi cerebro verá que hay dos energías, cada una tirando para un sitio y disminuirá las señales de la ira, hasta hacerlas desaparecer.

Antes de afectar a nuestro físico, las palabras nos afectan a nivel emocional y energético. Por tanto, una sola palabra genera un impacto energético, según la carga emocional que tenga para nosotros, y eso implica una respuesta física.

¿A qué velocidad nos afectan las palabras? Al instante. Es algo que podemos comprobar escuchando a nuestro cuerpo. Hay términos que nos hacen saltar, que nos provocan un impacto en la boca del estómago o un encogimiento en el corazón.

Todo depende de nuestra experiencia personal. Cada uno tenemos nuestras palabras «sensibles» particulares y otras que son compartidas por la mayoría.

Creo que no somos conscientes de la importancia de lo que decimos y cómo lo decimos. Las parejas no hablan, presuponen lo que el otro siente o piensa y actúan en consecuencia. Los padres etiquetan a sus hijos con términos como «gamberro», «estudioso», «responsable» o «guapo». Y al hacerlo no se dan cuenta de cómo les están limitando, por una parte, la plena expresión de su ser y, por otra, el cómo se ven a sí mismos. Mucho tiene que trabajar una persona para quitarse las etiquetas llenas de expectativas que le pusieron en la infancia. Asimismo, los jefes «motivan» a sus empleados con amenazas y presiones, mientras los médicos ofrecen diagnósticos a la manera de sentencias.

Todo ello genera un ambiente de separación entre nosotros ¿cómo vamos a ser Uno si no nos entendemos? ¿de qué manera vamos a construir un mundo mejor si no nos ponemos de acuerdo en lo básico?

Pararnos a pensar y llevar al consciente la importancia de cada palabra es del todo necesario. Mientras, hacemos lo que nos han enseñado con la mejor intención y muy pobres resultados.

Para ello es bueno que aprendamos a equilibrarnos antes de hablar y saber la importancia de lo que hacemos. No porque sea algo que hacemos a diario, deja de tener trascendencia. Algunas recomendaciones básicas para mejorar nuestra comunicación serían las siguientes:

Juan Peláez
Juan Peláez
  1. En lugar de suponer, preguntar.
  2. Escuchar de verdad.
  3. Trabajar el exceso de emoción.
  4. Aplazar conversaciones cuando no estamos equilibrados.
  5. Hablar en positivo y con intención de realmente comunicar, no sólo hablar.
  6. Aceptar que nadie es perfecto, tampoco tú (al menos desde el punto de vista de la personalidad).
  7. Ser responsable.
  8. Hablar menos de lo que piensas y más de lo que sientes.
  9. Hablarte de forma positiva a ti mismo.
  10. Hablar con el corazón.

Que nuestra comunicación sea positiva, efectiva y amorosa nos afecta, antes que a nadie, a nosotros. Como dice Quino «No es necesario decir todo lo que se piensa; lo que si es necesario es pensar todo lo que se dice».

Juan Peláez
Juan Peláez

 

Muchas gracias.Thanks so much. Merci.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s