Noticias importantes para el cambio. Vivir de manera virtual en un campo de refugiados o en una celda de aislamiento

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Periodismo y realidad virtual: vivir en un campamento de migrantes

PososAnarquia_VR¿Se imaginan que, en lugar de leer la información sobre la fuga del Chapo Guzmán, ustedes mismos la hubieran vivido en primera persona caminando a través del túnel que excavó el capo de la droga? Ese puede ser, quizás, uno de los horizontes que deparen al periodismo. Desde luego, es uno de los que está explorando Associated Press (AP)que, con sus 170 años de vida a sus espaldas, se resiste a caer víctima de la crisis del periodismo.

La agencia de noticias está más viva que nunca y se ha puesto manos a la obra a jugar con las nuevas tecnologías y, más concretamente, con la realidad virtual. Para ello se ha aliado al fabricante de microchips AMD y juntos están dando los primeros pasos en lo que se ha bautizado ya como ‘periodismo VR’ (realidad virtual, por sus iniciales en inglés).

La iniciativa se encuentra todavía en los albores, pero ya apunta como una pequeña gran revolución en la manera de interactuar con la prensa. Del mismo modo que de la imagen en blanco y negro se pasó al color o de la fotografía al vídeo, algunos ven en este salto a la realidad virtual un paso natural en la evolución de la prensa. No podemos olvidar que decanos de la prensa internacional, como es el caso de The New York Times, ya cuentan con su propia aplicación móvil (app) de realidad virtual.

El director de Producción de Noticias Digitales e Interactivas de AP contempla esta nueva fase como un paso más hacia la democratización de la información, apoyada, además, por la gran cantidad de actores que se dan cita y compiten en el mundo de la realidad virtual, desde Oculus Rift a Samsung Gear VR, pasando por Mattel View-Master y, cómo no, el omnipresente Google Cardboard.

Hasta la fecha, AP ya ha mostrado hasta nueve historias con VR, haciéndolas más realísticas con la tecnología 3D, simulando que el lector camina por las calles al más puro estilo de Google Street View. La diferencia radica en que el sujeto recibe más percepciones, como el audio, lo que contribuye a que la experiencia resulte aún más inmersiva. Artículos de fondo, como el The Suite Life en el que AP hacía una radiografía de lujosas experiencias en las que se tira la casa por la ventana, como pagar 50.000 dólares por pasar una noche en el hotel Four Seasons; o de más interés humano, como conocer las condiciones de vida de los migrantes en el campamento de Calais.

El objetivo detrás de este proyecto es situar al lector en el centro de una noticia, en la que puede girar 360 grados. Sin embargo, no todos los actos o eventos están preparados para que el lector realmente pueda girar sobre sí mismo y tener esa visión panorámica de todo su alrededor. Un buen ejemplo de ello sería el estreno de una película, donde todo el foco se fija en la alfombra roja, lo que limita la visión a 180 grados y, realmente, a nuestras espaldas no se genera ningún contenido informativo relevante.

Lógicamente, este tipo de aplicaciones requiere de un hardware muy potente para el procesamiento de gráficos, por lo que si el dispositivo no está a la altura, esa experiencia de usuario se irá al traste con microcortes, imágenes granuladas, etc. No existe un estándar para la edición y post producción de VR, pero lo que es evidente es que estas piezas requieren de una gran cantidad de ciclos de procesamiento, aunque el software vaya evolucionando para rebajar esta demanda de requisitos técnicos. El ideal sería conseguir una resolución por ojo de 16K y 144 o 200Hz de refresco de pantalla para los frames más rápidos.

Y de nuevo, la pregunta del siglo para un medio de comunicación: ¿Cómo se ‘monetiza’ esta nueva versión de prensa VR? ¿Cómo se le saca realmente dinero? Y esa es, todavía, una pregunta para la que ni siquiera AP tiene una respuesta clara.el 1 de octub
Bienvenido a tu celda de aislamiento

28 abr 2016

El diario británico The Guardian acaba de lanzar otro experimento periodístico. Si hace unas semanas traía la propuesta de realidad virtual de Associated Press (AP) para, por ejemplo, vivir en un campamento de refugiados, ahora el decano inglés nos propone sentir durante nueve minutos lo que es estar 23 horas al día en una celda de 6×9 pies (apenas 5 m2) durante días, semanas o, incluso, años. Ese es el tamaño de una celda de aislamiento en EEUU y, a través de una aplicación de realidad virtual, The Guardian explica los daños psicológicos que puede llegar a producir este tipo de confinamiento.

Para vivir la experiencia lo único que se necesita es descargar la aplicación 6×9, tanto para iPhone como para Android, conectar los auriculares y, o bien utilizar un visor de cartón para sostener el móvil, o sujetarlo con las manos. A partir de ahí, basta con mover el móvil acompañándolo del movimiento de nuestra cabeza para explorar la celda en una panorámica de 360º. Creado con Unity, la plataforma de desarrollo de videojuegos 2D y 3D que emplea CGI (imagen generada por ordenador), el espacio que uno puede contemplar ante sí es extraordinariamente realístico.

“Bienvenido a tu celda. Vas a estar aquí 23 horas al día”. Así arranca la experiencia inmersiva a través de la cual siete voces narran lo que significa esa pena. Con objeto de documentar la experiencia, el periódico ha contado con los testimonios de seis hombres y una mujer que pasaron por ese encarcelamiento, que le cuesta al contribuyente una media de 75.000 dólares. Un tipo de confinamiento al que en EEUU podrían estar sometidos alrededor de entre 80.000 y 100.000 reclusos.

Son datos de 2015 recogidos en 34 Estados y que únicamente contempla al 73% del total de presos, puesto que no se incluyen ni las cárceles locales, ni los correccionales juveniles, ni las cárceles militares o las instalaciones de inmigración (CIEs), por lo que presumiblemente la cifra sea mucho mayor.

Omar Mualimm-ak pasó cinco años y ocho meses en aislamiento. Había sido diagnosticado previamente con trastorno bipolar pero, al no recibir su medicación, los síntomas se acrecentaron, aumentado las alucinaciones y las voces que escuchaba. Según cuenta, un día entró una mosca en su celda y comenzó a hablarle. Al principio quería matarla, pero después se limitaba a jugar con ella. Llegó a tapar cualquier resquicio por el que pudiera escapar para que no dejara de hacerle compañía.

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Dolores Canales, por su parte, pasó nueve meses cuando tenía 18 años y su hijo, después, ha pasado nada menos que 14 años. Recuerda cómo “en verano hacía tanto calor que parecía que la cabeza te iba a explotar. Me pasaba mucho tiempo tumbado en el suelo tratando de sentir ese poco de aire que entraba por debajo de la puerta. Y en invierno, hacía mucho frío”. Canales relata cómo cantaba mucho, en concreto, el tema Respect, que todavía acostumbra a entonar en voz alta.

No es necesario haber cometidos delitos de sangre para estar encerrado en una celda de aislamiento; delitos de contrabando, consumo de drogas o desobediencia a la autoridad también pueden hacerte dar con tus huesos allí. Básicamente, la vida en régimen de aislamiento se reduce a estar 23 horas al día en la celda, con una hora para hacer ejercicio, bien en una sala cerrada o en un patio amurallado donde, en argot carcelario, se realiza el ‘dog run’ (pasear al perro). Tras el ejercicio, una ducha con los grilletes puestos.

Las comidas o la comunicación con los funcionarios de prisiones se realiza a través de una pequeña rendija en la puerta de metal y, claro está, la participación en cualquier actividad de presos está prohibida, así como el disfrute de cualquier dispositivo electrónico que te ponga en contacto con el exterior.

Hipersensibilidad a los estímulos externos, alucinaciones, ataques de pánico, déficit cognitivo, pensamientos obsesivos, paranoia… son sólo algunos de los trastornos psicológicos que componen la larga lista de efectos que produce el aislamiento en los presos. En 2003, un informe de Human Rights Watch estimaba que entre un tercio y la mitad de los reclusos en aislamiento padecía algún tipo de enfermedad mental.

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