Noticias con trascendencia

La fascia. Un mundo fascinante bajo tu piel

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Muchas de las disciplinas orientales como el Chi-Kung o el yoga, hablaban de la conexión entre todas las partes del cuerpo a través de energía, tejidos sutiles… mira este vídeo de las fascias y te permitirá entender muchos aspectos de tu cuerpo:

Rewired un impresionante curso de Joe Dispenza

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No te pierdas esta serie de vídeos de Joe Dispenza. uno de los científicos que ha llevado a cabo investigaciones sobre la relación entre espiritualidad y ciencia.

Pincha en este enlace

Une meditación interesante de este autor:

El hilo de seda en Chi-Kung

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De nuevo comparto un vídeo de mi amigo Sergio Mazzini. Creo que os va a encantar. Unos ejercicios sencillos, agradables y muy, muy beneficiosos de Chi-Kung.

Chi-Kung para los tiempos que corren

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Mi amigo Sergio Mazzini, profesor de chi-kung acaba de publicar este precioso vídeo, con el que puedes realizar una practica sencilla y poderosa de trasformación personal. La recomiendo y le agradezco que la haya puesto a disposición de todos nosotros.

Curso completo de abundancia de Deepak Chopra

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Os voy colocar todos los enlaces de un curso que a mi me ha parecido muy, muy interesante de Deepak Chopra.

El tema es la abundancia. No solo se trata de lo económico, sino también de atraer grandeza alegría, amor, amistad, generosidad, tolerancia… todos aquellos aspectos y valores que mejoran nuestra relación con nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Disfruta este reto de 21 un días para conseguir: ABUNDANCIA.

Día 1

Día 2

Día 3

Día 4

Día 5

Día 6

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Día 8

Día 9

Día 10

Día 11

Día 12

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Día 17

Día 18

Día 19

Día 20

Día 21

¿Estamos en guerra? Brillante artículo aparecido en el medio ctxt

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Reproduzco el artículo aparecido en el medio electrónico,ctxt.es. Me parece una reflexión brillante.

No es una guerra, es una catástrofe. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para ‘fabricarlos’

Santiago Alba Rico / Yayo Herrero 22/03/2020

<p>Héroes.</p>
Héroes.

J.R. MORA

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Se ha impuesto con inquietante espontaneidad la metáfora de la “guerra” como imagen y justificación de las radicales medidas tomadas contra el virus. Conte en Italia, Macron en Francia, Sánchez e Iglesias en España han declarado la “guerra” al virus o han hablado sin cesar de una “situación de guerra”. En nuestro país, al mismo tiempo que se desplegaba el Ejército en algunas ciudades, hemos visto al portavoz de Sanidad, Fernando Simón, escoltado en las ruedas de prensa por el JEMAD general Villarroya, cuyas intervenciones, por su parte, adoptan muchas veces el tono de una arenga de trinchera: habla de una “contienda bélica” y de una “guerra irregular” en la que todos “somos soldados”, invocando una “moral de combate” y reivindicando los “valores militares” para afrontar la amenaza colectiva.

Digámoslo con toda claridad: lo que estamos viviendo no es una guerra, es una catástrofe. En una catástrofe puede ser necesario movilizar todos los recursos disponibles para proteger a la sociedad civil, incluidos los equipos y la experiencia del Ejército, pero el hecho de que una catástrofe exija tomar medidas de excepción no autoriza sin peligro a emplear una metáfora que, como todas las metáforas, transforma la sensibilidad de los oyentes y moldea la recepción misma de los mensajes. Llamar a las cosas por otro nombre, si no estamos haciendo poesía, si estamos hablando además de cuidar, curar, repartir y proteger, puede resultar una pésima política sanitaria; una pésima política. Ahora que estamos afrontando la realidad –frente al mundo de ilimitada fantasía en que habíamos vivido en Europa las últimas décadas– no deberíamos deformarla con tropos extraídos del peor legado de nuestra tradición occidental. Como marco de apelación, interpretación y decisión, la metáfora de la guerra –salvo que la utilicen los médicos y los sanitarios abrumados por las muertes que no pueden evitar– nos debe suscitar una enorme preocupación.

(c) Juan Peláez
Guerra, ¿contra quién? ¿Quién es el enemigo? En cuanto pronunciamos la palabra “guerra” comparece ante nuestros ojos un humano negativo que merece ser eliminado. Con esta metáfora de la guerra, en efecto, ocurre algo paradójico: se humaniza al virus, que adquiere de pronto personalidad y voluntad. Se le otorga agencia e intención y se deshumaniza y criminaliza a sus portadores, que en realidad son las víctimas1. El enemigo de este desafío sanitario, si se quiere, está potencialmente dentro de uno mismo, lo que excluye de entrada su transformación en objeto de persecución o agresión bélica.

El hecho de que una catástrofe exija tomar medidas de excepción, no autoriza sin peligro a emplear una metáfora que, como todas las metáforas, transforma la sensibilidad de los oyentes y moldea la recepción misma de los mensajes

Por eso, esta resbaladiza idea de “guerra” da razón sin querer a los que, llevados de un pánico medieval, acaban convirtiendo en enemigos a los portadores del virus, olvidándose de que ellos mismos –al menos potencialmente– también lo son. Sólo se puede hacer la guerra entre humanos y a otros humanos y, si hay que “guerrear” contra el virus, acabaremos haciendo la guerra contra los cuerpos que lo portan o, lo que es lo mismo, contra la propia humanidad que queremos bélicamente  proteger. En estado de “catástrofe” es sin duda muy necesario “reprimir” severamente, como se hace con los transgresores del código de circulación, a quienes violan el confinamiento poniéndose en peligro a sí mismos, a sus vecinos y al sistema sanitario en general, pero ni siquiera esos pueden ser los “enemigos” de una “contienda bélica”, salvo que queramos confundir, en efecto, el virus con sus potenciales portadores, y generar, además, una “guerra” civil entre los potenciales portadores.

¿Vale el discurso del enemigo para atajar el efecto de un virus? Los seres humanos somos vulnerables y frágiles. Nuestra historia  ha estado y está atravesada por la enfermedad y la exposición al hambre, los virus y el abandono. Hemos sobrevivido construyendo relaciones con la naturaleza y entre las personas para tratar de minimizar el riesgo y la inseguridad. El cuidado y la cautela, el apoyo mutuo, la cooperación, la sanidad y educación pública, las cajas de resistencia, el reparto de la riqueza han sido los inventos que han ido poniendo las sociedades en marcha –de forma marcadamente desigual e injusta en ocasiones– para asumir y bregar con el inconveniente de que la vida transcurra encarnada en cuerpos que son frágiles y vulnerables e incapaces de vivir en solitario.

Construir economías y políticas sobre la fantasía del ser humano, como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera una guerra contra la vida,  contra los ciclos, contra los límites, los vínculos y las relaciones

Un virus no es un enemigo consciente y malvado, es inherente a la propia vida. Lo terrible es construir sociedades ajenas e ignorantes de que los virus, la enfermedad, la mala cosecha o la tempestad existen. Construir economías y políticas sobre la fantasía del ser humano, como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera una guerra contra la vida,  contra los ciclos, contra los límites, los vínculos y las relaciones. En los momentos de bonanza se esconden e invisibilizan, restándoles valor y despreciando, precisamente las tareas, oficios y tiempos de cuidado que solo se hacen visibles en las catástrofes y en las guerras.

La guerra, violencia armada, es precisamente la negación del cuidado, masculinidad errada, justificación del sacrificio de vidas humanas en aras de una causa superior. Ahora bien, no debemos olvidar que aquí la “causa superior” es precisamente la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro. No se trata de dar virilmente la vida por la causa gritando viva la muerte, sino que la causa es el mantenimiento de la propia vida. No existirá una victoria final que dependerá de la disciplina y de la conversión en soldados, como señalaba en su comparecencia el General Villarroya. El sacrificio al que se apela, tanto en la catástrofe como en la retaguardia de cualquier guerra, no es más que la intensificación de la lógica del cuidado, de la precaución, del sostenimiento cotidiano e intencional de la vida en tiempos de catástrofe, que son los mismos esfuerzos que hay que hacer para sostenerla cotidianamente.
En toda guerra, decía Simone Weil, la humanidad se divide entre los que tienen armas y los que no tienen armas, y estos últimos están siempre completamente desprotegidos, con independencia del bando o la bandera. En el estado de catástrofe actual, los españoles, todos potencialmente víctimas del virus, se dividen, en cambio, entre los que no pueden hacer confinamiento y los que sí pueden hacer confinamiento o, si se prefiere, entre los que se exponen más o se exponen menos al virus. Los que se exponen más al virus –el personal médico, los transportistas, las cajeras de supermercado, las limpiadoras y cuidadoras, etc.– ni tienen armas ni se pelean entre sí con el propósito de proteger a los “suyos”. Al contrario de lo que ocurre en las guerras, este “anti-ejército desarmado” –provisto solo de microscopios, termómetros, bayetas, manos y sentido del deber– ni se hace la guerra ni se la hace a los que están encerrados en sus casas, menos expuestos y completamente desarmados. Es, como dice Leila Nachawati, exactamente lo contrario: se exponen para protegernos a todos, a sabiendas de que de esa forma también se protegen a sí mismos y al orden civilizado del que dependen y que depende de ellos. Por eso debemos admirarlos y apoyarlos; y por eso es una irresponsabilidad inmoral y suicida incumplir la normativa sanitaria. Pero si hay una situación distante de la guerra –en su temperatura ética, anti-identitaria y “universal”– es precisamente la catástrofe que estamos viviendo. En todo caso, lo que opera en contra de la “causa superior” –la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro– son las medidas económicas tomadas en la última década y las políticas que ahora es necesario corregir a toda prisa para proteger a los socialmente vulnerables. En este sentido, y allí donde la responsabilidad individual y la institucional, donde lo común y lo público, se cruzan, nuestros políticos y nuestras élites económicas son más responsables –pues conjugan ambas condiciones– que los ciudadanos privados.

No es una guerra, es una catástrofe. Es verdad que para dos generaciones de europeos (en otros sitios la verdadera guerra es su normalidad cotidiana) esta paliza de realidad es lo más parecido a un conflicto bélico que hemos vivido. Pero la crisis del coronavirus es en sustancia lo contrario de una guerra. Que sea “lo contrario” de la guerra también merece un análisis en profundidad. Lo real no se nos ha presentado como mala voluntad o identidad belicosa sino como contingencia impersonal adversa en un contexto capitalista que (aquí sí está justificada la metáfora) lleva años haciendo la guerra a la naturaleza, los cuerpos y las cosas. Es la “impersonalidad” no bélica de la catástrofe capitalista la que hay que revertir y transformar: por eso es tan importante esta convergencia trágica de responsabilidad individual e institucional que nos muestra ahora la importancia de los cuidados personales y colectivos. El fin del capitalismo puede estar acompañado de guerras pero no será una guerra: su anticipo y su metáfora, como colofón de su dinámica interna de ilimitación incivilizada, es este “virus” sin cara y replicante que aparecerá una y otra vez, y cada vez más, en forma de “catástrofe”. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para fabricarlos.

Es la “impersonalidad” no bélica de la catástrofe capitalista la que hay que revertir y transformar

No es una guerra, es una catástrofe. La imagen del ejército en la calle –y hasta la de un general en una rueda de prensa– puede estar justificada pero también inquieta, política y antropológicamente. Para que dejen de inquietar –y hasta nos alegremos de su presencia, si es que es realmente necesaria– sería indispensable que nuestros políticos (todos hombres, por cierto) dejen de inscribir su intervención en el marco de una “guerra”, de una “contienda bélica”, de una recuperación de los “valores militares”. Sólo los médicos pueden hablar de “guerra” y, en cuanto al espíritu de “sacrificio”, citado por el general Villarroya, quizás deberían ser las “madres”, y no los militares, las que nos diesen lecciones. Un amigo muy inteligente nos dice que necesitamos ejemplos movilizadores y épica salvífica. Es verdad. Pero esto no es una guerra, es una catástrofe. Bastante duro es afrontar una “catástrofe” como para que, además de temer al virus, acabemos temiendo a nuestras co-víctimas y a los que están intentando protegernos. Los ejemplos ya los tenemos y son tan banales como los de la maldad arendtiana a la que se oponen; y la épica también existe y es igualmente de andar por casa: la de ese hombre o mujer que, en el balcón de enfrente, a cuatro metros de distancia, descubre de pronto en su odioso vecino (al que hasta ayer estrechaba la mano con indiferencia o desagrado) una existencia afín y casi amiga a la que no puede abrazar. No deja de ser hermosamente paradigmático que sea en una situación de aislamiento social impuesta, cuando los besos y los abrazo se proscriben, cuando de repente conocemos los nombres de quienes viven en nuestro bloque, nos preocupamos de si tienen alimento o necesitan medicinas.

Esto no es una guerra, es una catástrofe. Al contrario que en una guerra, no hay ninguna causa superior que la salvación de todas y cada una de las vidas humanas. Venceremos sólo si no hay víctimas humanas. O son las menos posibles.

Venceremos quizás esta vez. Pero habrá que prepararse para la siguiente y esta sacudida que reordena las prioridades puede ser un entrenamiento crucial.

Notas 

1. De esta humanización bélica del virus da un espeluznante y paradójico ejemplo este titular de EFE:
“El gobierno de Nicaragua desafía al coronavirus con una marcha multitudinaria”. Ortega, es decir,
desafía al coronavirus facilitando su reproducción.

AUTOR >

Santiago Alba Rico

Es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El último de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).

¿Quieres saber algo más de las tipologías de personalidad?

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Durante todos estos días de reflexión dentro de nuestras casas y de nosotros mismos, muchos colectivos y personas están y estamos ofreciendo nuestras experiencias y conocimientos. El objetivo la mayoría de las veces es algo que nos pide esta crisis: entrar dentro, mirarnos, reflexionar sobre lo  realizado y poner en marcha un nuevo plan de acción diferente al que nos ha llevado a donde estamos.

Dos personas que están realizando aportaciones en este sentido son Mónica y armando de www.todokine.com

Muchos de los vídeos que han colgado de manera gratuita tienen que ver con las topologías de la personalidad. te invito, si tienes un trato y te resuena a que lo vayas viendo.

Gestión de las emociones:

 

El legislador:

 

El reactivador:

El revelador:

El fortificador:

Y pudes seguir con más videos en el canal de youtube de todokine.

Tercera edición del libro Yoga Nidra, Una herramienta de Mindfulness disponible en la web

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Por fin, puedes adquirir la el libro Yoga Nidra, Una Herramienta de Mindfulness en la web.

A través de este enlace

puedes acceder a toda la información y comprarlo directamente en cualquier parte del mundo y de forma directa en España, Méjico, Argentina y Colombia, por ejemplo.

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Plegaria Hebrea que me parece bonita

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Antigua plegaria Hebrea
Que tus despertares te despierten. Y que al despertarte, el día que comienza te entusiasme.
Y que jamás se transformen en rutinarios los rayos del Sol que se filtran por tu ventana en cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino. IMG_3416 (1)
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente, aunque “solo” se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día , aunque sea corto y breve, para elevar tu mirada hacia lo Alto y agradecer, por el milagro de la salud, ese misterioso y fantástico equilibrio interno.
Y que logres expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos, abracen. Y que tus besos, besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la tarea satisfactoria realizada durante el día. Y que tu sueño sea calmo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio. Y que no te creas más que nadie, porque, solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.
Y que no te olvides, ni por un instante, que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio, y que, si fuésemos realmente valientes, bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello. Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida que nos acoge, nos abraza y nos bendice.
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Mujeres de Irán exposición de Juan Peláez

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La revista Almiar acaba de publicar un artículo y una exposición de Juan Peláez. esta vez el tema es sobre la mujer en Irán. Si deseas leer más o visitar la exposición pincha en el link de la revista Almiar:mujeres-iran-1080x675

De, no es la preposición correcta. Es, sin duda, en. Mujeres ‘en’ un territorio.

En este caso se llama Irán. Podía ser cualquier otro lugar de nuestra Tierra. Al fin al cabo no somos tan diferentes.

Verás en mis fotos chicas que se divierten, que miran desconfiadas, madres que disfrutan con sus hijos, ojos alertas, trabajos, recorridos por bazares, colores, luces, ropas que cubren…

En todas ellas, está una parte mía hombre y humano.

Me recuerdan la represión hacia lo que en el fondo reprimo con dificultades.

Mantos negros para evitar la provocación ¿de quién? ¿De mulhas,  sacerdotes,  brahmanes, hombres incompletos e insatisfechos? Recuerdo que una vez Antonio Gala afirmó ante una pegunta de un periodista impertinente sobre su homosexualidad, «alguien que tiene clara su sexualidad no se ocupa de la de los demás».

Ahora siento vivir en un país de fundamentalistas, de neoliberalismos y sus expresiones radicales con nombres como Vox, Ciudadanos, Partido Popular… Sus afirmaciones me espantan con respecto a las mujeres. De alguna manera hablan de mí también. Jueces que vociferan sobre minifaldas, vaqueros y provocaciones de chicas antes de ser violadas. Hordas de salvajes que violentan a mujeres. Seres humanos con derecho de ser libres y manifestar su manera de vestir, de bailar, de moverse, de expresar como deseen.

Miedo. Detrás de todos estos personajes está el terror a que las situaciones sean diferentes. Es el pavor por estar inundados de incultura,  intolerancia,  evolución espiritual de un nivel muy particular… Lo que conduce de manera irremediable al fundamentalismo religioso, económico, incultural. A que miles de personas piensen que su rango es mejor que el de otro por la simple cuestión de haber nacido con unos órganos genitales llamados masculinos. Ser más importante por pertenecer a la raza blanca, a familias con fronteras tan finas y firmes como los cantos de las tarjetas de crédito, que viven en los santuarios de Europa o profesan una religión que es la única y por tanto debe dominar a todas las demás.

Tantos y tantos años de historia para seguir, ni siquiera en el mismo punto. Mucho, mucho más atrás. Ahora ya no es justificable. En el Medioevo no sabíamos que éramos iguales, que podía ser impensable la pobreza. Se creía que los reyes eran los enviados de dioses para que nos educasen, dirigiesen y por tanto, explotasen. Ahora sí somos conscientes de que ser miserable es una imposición de unos pocos sobre unos muchos. Que ser mujer es tan digno, igual y poderoso que nacer hombre. Que ser rey es algo desfasado en la historia y no conlleva ningún poder moral sobre la población que ha de soportarlos y además mantenerlos. Que tener una espiritualidad propia es una evolución sobre las creencias impuestas.

Y sin embargo: embargos. Unos países deciden sobre otros lo que pueden comer, exportar, importar y pensar. Unos pocos tocados con los turbantes, con las túnicas color burdeos o negras de la intolerancia, deciden sobre cómo tienen que pensar, vestir, actuar, danzar, hablar, tocar, andar, unos seres llamados mujeres. Unos estipulan que lo que es de todos ahora, va a ser suyo y privatizan de la mano de ultraderechas. Vocean la cultura única del fanatismo del dinero. Otros, nosotros, tal vez por la educación estratégicamente bien planteada para ser sumisos, de poca crítica, y menor análisis y resignación magnificada, votamos a que nos manipulen, despojen, que los jueces sigan en sus lugares dando sentencias contra lo femenino.

Mis fotos traen solo, si lo deseas, consciencia. Míralas. Mira mujeres en Irán, que podrían estar en España. Están en tu interior, incluso si eres hombre. Me traen las partes que yo no deseo mirar. Mis sombras de intolerancia, de creerme superior, de sentirme elegido, de mi rango y de mi abuso del mismo. No solo les subyugan a ellas su manera de vestir. Nos reprimen a los hombres por la manera en que ponemos color a nuestras ideas, a nuestras  creencias, a la creatividad. Nos obligan a llevar jihabs sobre nuestras libertades. Así nos comportamos encogidos sobre nuestras vidas. Renunciamos a no soñar más que bajo los mandatos de dioses que nos dicen que son únicos e infalibles se llamen dinero, mercados o cualquier otro nombre con los que los han bautizado.

Por eso es tan importante viajar. Observar la diversidad fuera para darme cuenta de la que porto dentro. De derrocar a reyes, los que llevo con falsedad para que me den seguridades. De compartir recursos, de sentirme que soy solo un SER, más allá de formas, espiritual con una parte femenina que necesito. Me es imprescindible la tolerancia, el diálogo, la carencia de lucha, el compartir, la coherencia, la paciencia, la compasión, la actitud de servicio hacia todos los seres vivibles o invisibles… algo que a veces se resume en una gran palabra AMOR. Y todas esas fotos me hablan de ese recuerdo. De dulcificarme a través de colores, formas, expresiones que me traen las mujeres en un territorio, mi interior.

Por tanto gracias a que estén en mi corazón en forma de madres, amigas, compañeras, parejas, amantes. Son mi brújula permanente a que mi Hombre se oriente hacia otras tierras en las que pueda ser masculino con todo mi poder femenino.

Sin la colaboración entre las dos partes de mí seguiré siendo un cazador, un guerrero sin escrúpulos, un corrupto, un fanático religioso, un votante de ultraderechas, ultraizquierdas, socialistas o vete tú a saber qué otra denominación el marketing político inventa para ocultar más de lo mismo.

Honro por tanto con mis imágenes a las mujeres en mis terruños para olvidarme de neoliberalismos, mercados, corrupciones y salvajismos. Doy la bienvenida a engendrar formas diferentes en las que la regeneración empiece a nacer en mí. A que el perdón sobre todo lo que observo me embarace y llegue a nacer en el momento adecuado. A dar más de lo que recibo, a poner mucho de lo que he quitado en la naturaleza, en las plantas, en los animales sacrificados, en esta bola maravillosa, madre y mujer llamada Gaia.

Que así sea.

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