Seis puntos de lealtad consigo mismo

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6 puntos de lealtad consigo mismo

Kazuo Inamori, exitoso hombre de negocios, filántropo, fundador de la reconocida compañía de celulares Kyocera, y convertido en monje budista en el otoño de su vida, al serle diagnosticada una grave enfermedad, nos habla de 6 puntos de lealtad, basados en su propia experiencia, como una manera de perfeccionar nuestra alma o mente, en la búsqueda del éxito personal y profesional. Nos recuerda que La vida es solo un pequeño período de tiempo en la gran escala del universo. Pero es su finitud lo que le da propósito y significado y hace de todo momento algo increíblemente valioso, pues solo dentro de esta lucha podemos encontrar el alma noble y la esencia fundamental de la vida.

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Juan Pelaez

 

“No necesitan aislarse del mundo para hallar la iluminación, encuéntrenla en su trabajo. Dejen que su diligencia cultive su carácter y los ayude a obtener una vida maravillosa. Los aspectos financieros del trabajo son muy pocos si los comparamos con la capacidad real que este tiene de aumentar el valor de su alma”.

– Kazuo Inamori

1. No se permitan ser felices como segunda opción. Exíjanse lo máximo de sí mismos y manténgalo. Si tienen energía para gemir o quejarse, úsenla para seguir adelante y avanzar. Tener la mente abierta dará como resultado el avance. Dice: “quiero ser feliz cuando sucedan cosas buenas aunque no sean grandiosas. De ahí tomo mi energía”. El disfrute del trabajo es la mayor alegría. El trabajo al que me refiero, es enfocar sus capacidades y su mente en una tarea. Esta labor es la manera de obtener un espíritu rico y un carácter sólido. En el trabajo, en el hogar, en la escuela, ustedes pueden perfeccionar su carácter mediante una constante y continua devoción a su tarea. El lugar de trabajo es un sitio para la devoción y para la formación del carácter. El trabajo es una manera de crecer. Es una forma de enriquecer la mente y de construir un alma con gran riqueza. Y el resultado puede ser una vida más maravillosa de la que podían esperar. El ocio y la distracción solo pueden disfrutarse verdaderamente entre los periodos de trabajo satisfactorio. En otras palabras, armonizar con el mundo mediante la meditación (atención y concentración) y la acción de trabajar es uno y lo mismo. Esta es la verdadera iluminación que muchos buscan.image

2. Eviten la arrogancia. Como un anciano chino dijo: “La humildad constituye un beneficio”. La humildad trae alegría y permite la limpieza del alma. Tener una mente abierta significa que ustedes reconocen su propia debilidad y entonces van a trabajar con un espíritu de humildad. Significa que tienen ojos para verse verdaderamente y oídos para escuchar distintas opiniones. Al darse ustedes oportunidades de estar alertas de su fanfarronería, charlatanería, orgullo y excesos, ustedes pueden constituirse en una base de autocontrol.

3. Vivan una vida de autorreflexión diaria. Háganse el hábito de reflexionar cada día sobre las acciones y sus pensamientos para desarrollar autocontrol y evitar el egoísmo y la cobardía. Y solamente a través de la diaria autorreflexión somos verdaderamente capaces de enriquecer nuestras mentes y superar debilidades. Mantener controlados los tres venenos: la furia-ira, la codicia y la envidia, para evitar que destruyan nuestra vida. Estos tres venenos son la fuente de muchos, sino, de todos los problemas y preocupaciones que enfrentamos en la vida, y también son tres venenos que cuesta domar.image

4. Sean agradecidos con la vida. Desarrollen un espíritu de agradecimiento por la más pequeña de las bendiciones e incluso, por la vida misma. La práctica del agradecimiento elevara el alma y la luz iluminará el camino hacia el disfrute. Cuando se olvida la gratitud, nos alejamos de la felicidad en vez de ir hacia ella. Y entonces, la única cosa lógica para hacer es llenarse de gratitud, sin importar por qué. Incluso, en los tiempos en que los sentimientos de gratitud no surgen de adentro con naturalidad, mantengan cercana la gratitud, impóngasela a ustedes mismos si es necesario. Si pueden estar agradecidos independientemente de su situación, siempre estarán contentos.

5. Llenen sus días con actos de amabilidad y altruismo. Una casa con buen comportamiento siempre es bendecida. Sean buenos con los otros, piensen en los otros y díganles palabras amables. Sus esfuerzos no dejarán de ser recompensados. Tienen que darse cuenta de que la relación entre su ganancia y la de los otros es como la de dos lados de una moneda. En otras palabras, un pequeño acto de amabilidad hacia los otros es claramente un pequeño acto de amabilidad hacia ustedes mismosimage.jpeg

6. No sean hipersensibles. No dejen que su mente se quede enfocada en las pequeñas injusticias de la vida, las cosas pueden salvarse y los errores pasan. En vez de pensar en lo que podrían o debían haber sido, concentren su energía en el ahora. Use la lógica y conciencia para gobernar las emociones y los instintos, y ser capaces de acumular buenas experiencias que nos hagan vivir una vida más plena. Prácticas como el Zen y el Yoga, tienen el objetivo de perfeccionar el alma, empezando por el caparazón más externo y quitándo lentamente para exponer los caparazones internos del ego.

Explica el autor, que al poner en palabras los 6 puntos de lealtad, parecen casi demasiado simples y esquemáticos, pero traten de aplicarlas sobre bases diarias. Traten de llevarlas fuera de la pagina y háganlos parte de lo que hacen o de lo que son. Constantemente luche por mantenerlos en la mente y aplicarlos a su vida.image.jpeg

Concluye: “Trabajen duro, nunca olviden la gratitud, piensen buenos pensamientos, hagan buenas acciones, contrólense con un honesto arrepentimiento, perfecciónense en sus actividades diarias y desarrollen su carácter. Y cuanto más diligentemente realicen estas simples tareas durante su esfuerzo diario, encontraran el significado de la vida y nunca hallaran un camino más glorioso o noble para guiarse en la vida”.

Basándose en la creencia de que nada puede ser más noble que estar al servicio de los demás y del mundo, Kazuo Inamori , estableció los premios Kyoto en 1985 para apoyar a investigadores en el campo de tecnología de punta, ciencia básica, filosofía y artes.

Adaptación by Marleny Carreño

Fuente: Del libro “Negocios y Espiritualidad”, Kazuo Inamori, copyright. Alamah Espiritualidadimage.jpeg

El coronavirus: la invención de una epidemia

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La mayor herramienta de manipulacion es el miedo. Se creo con el terrorismo islámico, con los inmigrantes, con la pérdida de puestos de trabajo… y ahora una epidemia sobredimensionada. Algo que esta trayendo podibilidades de controlarnos aun mas, sufrimiento de millones de personas en eL Mundo por pérdidas de dus capitales, de dus puestos de trabajo, de su estabilidad emocional… este artículo me ha parecido interesante. No permitas que te dejen caer en el miedo. De ahi  solo surge la violencia, el desproposito lasl ultraderechas y ultraizquierdas, las religiones coercitivas…3B0C0B07-6DEE-4B0F-90E6-AA817AE4973B

(C)Giorgio Agamben02.03.2020

Fuente: Agencia Uno.
En esta columna, el filósofo italiano Giorgio Agamben reflexiona acerca de la relación entre el miedo a una epidemia de coronavirus que extiende el pánico a través del planeta, y la aceptación -en nombre de la seguridad- de medidas que limitan gravemente la libertad de las personas, entre ellas, la justificación de un estado de excepción global. Agamben ya había analizado estos problemas desde un punto de vista filosófico-político en los primeros volúmenes de su serie Homo Sacer, publicados hace más de 20 años. Los últimos acontecimientos vinculados a la amenaza de epidemia, la construcción de campos de refugiados repartidos por toda Europa, o la militarización actual de las democracias, parecen ser buenos contrastes de las principales tesis contenidas en aquellos trabajos. En nuestro país, el MINSAL ya ha advertido a la población que, en el caso de detectarse casos positivos de coronavirus, todas las reuniones y aglomeraciones colectivas serán prohibidos, incluso, si es necesario, a través del uso de la fuerza.

Frente a las medidas de urgencia frenéticas, irracionales y totalmente injustificadas por una supuesta epidemia del coronavirus, es necesario partir por las declaraciones del CNR (Consiglio Nazionale delle Ricerche), según las cuales, no solo “no hay epidemia de coronavirus (Sars-CoV2) en Italia”, sino que además “la infección, según los datos epidemiológicos disponibles en la actualidad sobre decenas de miles de casos, provoca síntomas leves/moderados (una suerte de gripe) en 80 a 90% de los casos. En 10 a 15% de los casos, puede desarrollarse una neumonía, pero la evolución es benigna en la mayoría absoluta. Se estima que solo el 4% de los pacientes deben ser hospitalizados en unidades de cuidados intensivos”.

Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan en difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con severas limitaciones a la libertad de reunión y de tránsito y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y trabajo en regiones enteras?

Dos factores pueden ayudar a explicar este comportamiento desproporcionado:

Primero, una vez más, hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno. El decreto de ley aprobado inmediatamente por el gobierno “por razones de salud y seguridad públicas” conduce a una verdadera militarización “de los municipios y zonas en las que al menos una persona ha arrojado resultados positivos y cuya fuente de transmisión no puede ser imputada a una persona proveniente de una zona ya infectada por el virus”. Una fórmula tan vaga e indeterminada permitirá extender rápidamente el estado de excepción a todas las regiones, ya que es prácticamente imposible que otros casos no se produzcan en otros lugares.

Consideremos las serias restricciones a la libertad previstas por el decreto: a) prohibición de abandonar el municipio o la zona en cuestión para todas las personas que permanezcan allí; b) prohibición de ingreso al municipio o a la zona en cuestión; c) suspensión de manifestaciones o iniciativas similares, así como de eventos y cualquier forma de reunión en un lugar público o privado, incluidos los espacios culturales, recreativos, deportivos, religiosos, incluso si estos tienen lugar en recintos cerrados abiertos al público; d) suspensión de servicios educativos para los niños y para las escuelas de todos los niveles, así como la asistencia a las actividades de educación superior, a excepción de actividades de formación a distancia; e) suspensión de servicios para la apertura al público de museos y otras instituciones culturales y de lugares consignados en el artículo 101 del código de patrimonio cultural y del paisaje, de conformidad con el decreto legislativo del 22 de enero de 2004, n. 42, así como la eficiencia de las disposiciones reglamentarias sobre acceso libre y gratuito a estas instituciones y lugares; f) suspensión de todos los viajes educativos, tanto dentro del país como hacia el extranjero; g) suspensión de procedimientos colectivos y de actividades en oficinas públicas, sin perjuicio de la prestación de servicios esenciales y de utilidad pública; h) aplicación de la medida de cuarentena con vigilancia activa de personas que han estado en contacto cercano con casos confirmados de enfermedad infecciosa generalizada.

La desproporción frente a lo que, según la CNR, es una gripe normal, poco diferente de aquellas que se repiten cada año, es evidente.

Parecería que, habiéndose agotado el terrorismo como motivo de las medidas de excepción, la invención de una epidemia podría ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites.

El otro factor, no menos inquietante, es el estado de temor que se ha extendido explícitamente en los últimos años al interior de las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, frente a los cuales la epidemia vuelve a ofrecer, una vez más, el pretexto ideal.

De esta manera, en un círculo vicioso y perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos, se acepta en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobernantes que ahora intervienen para satisfacerlo.

(Esta columna fue publicada originalmente el 26 de febrero de 2020 en la revista italiana Quodlibet, quienes autorizaron esta publicación y traducción hecha por los académicos Iván Torres Apablaza y Tuillang Yuing Alfaro).

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¿Estamos en guerra? Brillante artículo aparecido en el medio ctxt

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Reproduzco el artículo aparecido en el medio electrónico,ctxt.es. Me parece una reflexión brillante.

No es una guerra, es una catástrofe. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para ‘fabricarlos’

Santiago Alba Rico / Yayo Herrero 22/03/2020

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Héroes.

J.R. MORA

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Se ha impuesto con inquietante espontaneidad la metáfora de la “guerra” como imagen y justificación de las radicales medidas tomadas contra el virus. Conte en Italia, Macron en Francia, Sánchez e Iglesias en España han declarado la “guerra” al virus o han hablado sin cesar de una “situación de guerra”. En nuestro país, al mismo tiempo que se desplegaba el Ejército en algunas ciudades, hemos visto al portavoz de Sanidad, Fernando Simón, escoltado en las ruedas de prensa por el JEMAD general Villarroya, cuyas intervenciones, por su parte, adoptan muchas veces el tono de una arenga de trinchera: habla de una “contienda bélica” y de una “guerra irregular” en la que todos “somos soldados”, invocando una “moral de combate” y reivindicando los “valores militares” para afrontar la amenaza colectiva.

Digámoslo con toda claridad: lo que estamos viviendo no es una guerra, es una catástrofe. En una catástrofe puede ser necesario movilizar todos los recursos disponibles para proteger a la sociedad civil, incluidos los equipos y la experiencia del Ejército, pero el hecho de que una catástrofe exija tomar medidas de excepción no autoriza sin peligro a emplear una metáfora que, como todas las metáforas, transforma la sensibilidad de los oyentes y moldea la recepción misma de los mensajes. Llamar a las cosas por otro nombre, si no estamos haciendo poesía, si estamos hablando además de cuidar, curar, repartir y proteger, puede resultar una pésima política sanitaria; una pésima política. Ahora que estamos afrontando la realidad –frente al mundo de ilimitada fantasía en que habíamos vivido en Europa las últimas décadas– no deberíamos deformarla con tropos extraídos del peor legado de nuestra tradición occidental. Como marco de apelación, interpretación y decisión, la metáfora de la guerra –salvo que la utilicen los médicos y los sanitarios abrumados por las muertes que no pueden evitar– nos debe suscitar una enorme preocupación.

(c) Juan Peláez
Guerra, ¿contra quién? ¿Quién es el enemigo? En cuanto pronunciamos la palabra “guerra” comparece ante nuestros ojos un humano negativo que merece ser eliminado. Con esta metáfora de la guerra, en efecto, ocurre algo paradójico: se humaniza al virus, que adquiere de pronto personalidad y voluntad. Se le otorga agencia e intención y se deshumaniza y criminaliza a sus portadores, que en realidad son las víctimas1. El enemigo de este desafío sanitario, si se quiere, está potencialmente dentro de uno mismo, lo que excluye de entrada su transformación en objeto de persecución o agresión bélica.

El hecho de que una catástrofe exija tomar medidas de excepción, no autoriza sin peligro a emplear una metáfora que, como todas las metáforas, transforma la sensibilidad de los oyentes y moldea la recepción misma de los mensajes

Por eso, esta resbaladiza idea de “guerra” da razón sin querer a los que, llevados de un pánico medieval, acaban convirtiendo en enemigos a los portadores del virus, olvidándose de que ellos mismos –al menos potencialmente– también lo son. Sólo se puede hacer la guerra entre humanos y a otros humanos y, si hay que “guerrear” contra el virus, acabaremos haciendo la guerra contra los cuerpos que lo portan o, lo que es lo mismo, contra la propia humanidad que queremos bélicamente  proteger. En estado de “catástrofe” es sin duda muy necesario “reprimir” severamente, como se hace con los transgresores del código de circulación, a quienes violan el confinamiento poniéndose en peligro a sí mismos, a sus vecinos y al sistema sanitario en general, pero ni siquiera esos pueden ser los “enemigos” de una “contienda bélica”, salvo que queramos confundir, en efecto, el virus con sus potenciales portadores, y generar, además, una “guerra” civil entre los potenciales portadores.

¿Vale el discurso del enemigo para atajar el efecto de un virus? Los seres humanos somos vulnerables y frágiles. Nuestra historia  ha estado y está atravesada por la enfermedad y la exposición al hambre, los virus y el abandono. Hemos sobrevivido construyendo relaciones con la naturaleza y entre las personas para tratar de minimizar el riesgo y la inseguridad. El cuidado y la cautela, el apoyo mutuo, la cooperación, la sanidad y educación pública, las cajas de resistencia, el reparto de la riqueza han sido los inventos que han ido poniendo las sociedades en marcha –de forma marcadamente desigual e injusta en ocasiones– para asumir y bregar con el inconveniente de que la vida transcurra encarnada en cuerpos que son frágiles y vulnerables e incapaces de vivir en solitario.

Construir economías y políticas sobre la fantasía del ser humano, como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera una guerra contra la vida,  contra los ciclos, contra los límites, los vínculos y las relaciones

Un virus no es un enemigo consciente y malvado, es inherente a la propia vida. Lo terrible es construir sociedades ajenas e ignorantes de que los virus, la enfermedad, la mala cosecha o la tempestad existen. Construir economías y políticas sobre la fantasía del ser humano, como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera una guerra contra la vida,  contra los ciclos, contra los límites, los vínculos y las relaciones. En los momentos de bonanza se esconden e invisibilizan, restándoles valor y despreciando, precisamente las tareas, oficios y tiempos de cuidado que solo se hacen visibles en las catástrofes y en las guerras.

La guerra, violencia armada, es precisamente la negación del cuidado, masculinidad errada, justificación del sacrificio de vidas humanas en aras de una causa superior. Ahora bien, no debemos olvidar que aquí la “causa superior” es precisamente la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro. No se trata de dar virilmente la vida por la causa gritando viva la muerte, sino que la causa es el mantenimiento de la propia vida. No existirá una victoria final que dependerá de la disciplina y de la conversión en soldados, como señalaba en su comparecencia el General Villarroya. El sacrificio al que se apela, tanto en la catástrofe como en la retaguardia de cualquier guerra, no es más que la intensificación de la lógica del cuidado, de la precaución, del sostenimiento cotidiano e intencional de la vida en tiempos de catástrofe, que son los mismos esfuerzos que hay que hacer para sostenerla cotidianamente.
En toda guerra, decía Simone Weil, la humanidad se divide entre los que tienen armas y los que no tienen armas, y estos últimos están siempre completamente desprotegidos, con independencia del bando o la bandera. En el estado de catástrofe actual, los españoles, todos potencialmente víctimas del virus, se dividen, en cambio, entre los que no pueden hacer confinamiento y los que sí pueden hacer confinamiento o, si se prefiere, entre los que se exponen más o se exponen menos al virus. Los que se exponen más al virus –el personal médico, los transportistas, las cajeras de supermercado, las limpiadoras y cuidadoras, etc.– ni tienen armas ni se pelean entre sí con el propósito de proteger a los “suyos”. Al contrario de lo que ocurre en las guerras, este “anti-ejército desarmado” –provisto solo de microscopios, termómetros, bayetas, manos y sentido del deber– ni se hace la guerra ni se la hace a los que están encerrados en sus casas, menos expuestos y completamente desarmados. Es, como dice Leila Nachawati, exactamente lo contrario: se exponen para protegernos a todos, a sabiendas de que de esa forma también se protegen a sí mismos y al orden civilizado del que dependen y que depende de ellos. Por eso debemos admirarlos y apoyarlos; y por eso es una irresponsabilidad inmoral y suicida incumplir la normativa sanitaria. Pero si hay una situación distante de la guerra –en su temperatura ética, anti-identitaria y “universal”– es precisamente la catástrofe que estamos viviendo. En todo caso, lo que opera en contra de la “causa superior” –la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro– son las medidas económicas tomadas en la última década y las políticas que ahora es necesario corregir a toda prisa para proteger a los socialmente vulnerables. En este sentido, y allí donde la responsabilidad individual y la institucional, donde lo común y lo público, se cruzan, nuestros políticos y nuestras élites económicas son más responsables –pues conjugan ambas condiciones– que los ciudadanos privados.

No es una guerra, es una catástrofe. Es verdad que para dos generaciones de europeos (en otros sitios la verdadera guerra es su normalidad cotidiana) esta paliza de realidad es lo más parecido a un conflicto bélico que hemos vivido. Pero la crisis del coronavirus es en sustancia lo contrario de una guerra. Que sea “lo contrario” de la guerra también merece un análisis en profundidad. Lo real no se nos ha presentado como mala voluntad o identidad belicosa sino como contingencia impersonal adversa en un contexto capitalista que (aquí sí está justificada la metáfora) lleva años haciendo la guerra a la naturaleza, los cuerpos y las cosas. Es la “impersonalidad” no bélica de la catástrofe capitalista la que hay que revertir y transformar: por eso es tan importante esta convergencia trágica de responsabilidad individual e institucional que nos muestra ahora la importancia de los cuidados personales y colectivos. El fin del capitalismo puede estar acompañado de guerras pero no será una guerra: su anticipo y su metáfora, como colofón de su dinámica interna de ilimitación incivilizada, es este “virus” sin cara y replicante que aparecerá una y otra vez, y cada vez más, en forma de “catástrofe”. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para fabricarlos.

Es la “impersonalidad” no bélica de la catástrofe capitalista la que hay que revertir y transformar

No es una guerra, es una catástrofe. La imagen del ejército en la calle –y hasta la de un general en una rueda de prensa– puede estar justificada pero también inquieta, política y antropológicamente. Para que dejen de inquietar –y hasta nos alegremos de su presencia, si es que es realmente necesaria– sería indispensable que nuestros políticos (todos hombres, por cierto) dejen de inscribir su intervención en el marco de una “guerra”, de una “contienda bélica”, de una recuperación de los “valores militares”. Sólo los médicos pueden hablar de “guerra” y, en cuanto al espíritu de “sacrificio”, citado por el general Villarroya, quizás deberían ser las “madres”, y no los militares, las que nos diesen lecciones. Un amigo muy inteligente nos dice que necesitamos ejemplos movilizadores y épica salvífica. Es verdad. Pero esto no es una guerra, es una catástrofe. Bastante duro es afrontar una “catástrofe” como para que, además de temer al virus, acabemos temiendo a nuestras co-víctimas y a los que están intentando protegernos. Los ejemplos ya los tenemos y son tan banales como los de la maldad arendtiana a la que se oponen; y la épica también existe y es igualmente de andar por casa: la de ese hombre o mujer que, en el balcón de enfrente, a cuatro metros de distancia, descubre de pronto en su odioso vecino (al que hasta ayer estrechaba la mano con indiferencia o desagrado) una existencia afín y casi amiga a la que no puede abrazar. No deja de ser hermosamente paradigmático que sea en una situación de aislamiento social impuesta, cuando los besos y los abrazo se proscriben, cuando de repente conocemos los nombres de quienes viven en nuestro bloque, nos preocupamos de si tienen alimento o necesitan medicinas.

Esto no es una guerra, es una catástrofe. Al contrario que en una guerra, no hay ninguna causa superior que la salvación de todas y cada una de las vidas humanas. Venceremos sólo si no hay víctimas humanas. O son las menos posibles.

Venceremos quizás esta vez. Pero habrá que prepararse para la siguiente y esta sacudida que reordena las prioridades puede ser un entrenamiento crucial.

Notas 

1. De esta humanización bélica del virus da un espeluznante y paradójico ejemplo este titular de EFE:
“El gobierno de Nicaragua desafía al coronavirus con una marcha multitudinaria”. Ortega, es decir,
desafía al coronavirus facilitando su reproducción.

AUTOR >

Santiago Alba Rico

Es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El último de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).

Motu-Iti de Roberto Piumini cuento sobre la Isla de Pascua

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Hoy me apetece recomendarte un cuento/novela del escritor italiano Roberto Piumini .

Encantador, delicado, con buena narración e invitación a viajar por pleno Pacífico hasta la Isla de Pascua.

la fuerza de una maldición y de nuestras acciones está presente en toda la novela. ¿Qué ocurre cuando ponemos en marcha el mal contra alguien o contra una población? No dudes en descubrirlo y disfrutar de esta obra genial. además, puede que descubras a un autor sorprendente.

 

 

¿Quieres saber algo más de las tipologías de personalidad?

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Durante todos estos días de reflexión dentro de nuestras casas y de nosotros mismos, muchos colectivos y personas están y estamos ofreciendo nuestras experiencias y conocimientos. El objetivo la mayoría de las veces es algo que nos pide esta crisis: entrar dentro, mirarnos, reflexionar sobre lo  realizado y poner en marcha un nuevo plan de acción diferente al que nos ha llevado a donde estamos.

Dos personas que están realizando aportaciones en este sentido son Mónica y armando de www.todokine.com

Muchos de los vídeos que han colgado de manera gratuita tienen que ver con las topologías de la personalidad. te invito, si tienes un trato y te resuena a que lo vayas viendo.

Gestión de las emociones:

 

El legislador:

 

El reactivador:

El revelador:

El fortificador:

Y pudes seguir con más videos en el canal de youtube de todokine.

Erri de Luca. Tres Caballos

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D56D1503-F29E-4B83-96DD-FF08F3AC90C1Quería recomendar un libro y un autor. Una de esas obras en la que ninguna de las frases es baldía. En las que se abra por donde se abra se encuentra una genialidad en forma de palabras.
No lo conocía. Qué gran descubrimiento.
Tres Caballos. Erri de Luca.D5A3BD1F-2F58-435F-AF45-2A1BA8B163EB

Napolitano de 1950. Escritor fuerte, contundente, medido, gestor de personajes y trama impecable. No te lo pierdas.

 

 

 

El corona virus y su regalo del miedo

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(C) Juan Pelaez

Miedo, Miedo… Palabra poderosa y dominante en estos momentos. Solo pronunciarla atrae un estado de ánimo que nos hace caer, bajar, hundirnos… deprimir nuestro sistema inmunológico. ¿Es lo más adecuado en estos momentos?
Las palabras son energía. Abren puerta, las cierran, transportan a estados energéticos, emocionales, existenciales o como desearemos denominarlos. Estoy tratando de encontrar un punto de entendimiento común para que puedas comprender lo que deseo transmitirte. Me interesa que vayas más allá de las palabras. Al fin y al cabo son límites. Los bordes, al igual que las fronteras, dejan cosas dentro y el infinito fuera, Y algo fundamental, para mi ahora es romper los límites de ejes de referencia ya inadecuados. Traer un nuevo paradigma. Sugerirte que te muevas por otros entornos, otros universos, otros estados, campos distintos que te aporten no solo sanación, sino sal y luz. La sal de la vida y la luz de un estado diferente.

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Además, aporto una reflexión. Si cualquier enfermedad o condición, por llamarle de otra manera, trae una información emocional ¿Qué nos aporta el corona virus? Cualquier gripe indica que hemos sobrepasado nuestra capacidad. Que hemos de parar, aquietarnos, reflexionar, darnos tiempo. Por ello aparece el dolor muscular, el cansancio, la fiebre.., que nos llevan a permanecer en el domicilio, a encamarnos, al no movimiento, a recogernos para encontrarnos con nosotros mismos. El coronavirus parece que es una gripe… a lo grande. Una gripe personal y del planeta entero. Por tanto… Mamá Tierra se ha cansado de susurrarnos. Ya hace tiempo que habla en voz muy alta. Ahora nos ha gritado hasta rompernos los tímpanos.

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De este grito desesperado te quería hablar. He de hacerlo desde las emociones básicas y sus conexiones. Así, tal vez, tengamos un poco más de luz en los momentos en los que vivimos.
Para eso necesito comunicarte de dónde  parto. Algunos ejes desde los que me muevo.

Todo lo que me trae la vida, incluyendo esta condición que vivo ahora, es una oportunidad para que dé un salto evolutivo o de consciencia.

No existen emociones buenas o malas. Todas ellas me traen información para que ese brinco “cuántico” lo realizace.
Mi gran trabajo es aumentar mi nivel de consciencia. Con ella seré capaz de darme cuenta de qué es lo que experimento y quiere la vida de mí como ser único, irrepetible para el bien de todo lo visible e invisible. De discernir en suma lo que colabora con mi desarrollo esencial y lo que he de descartar.

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El modelo basado en la individualidad, la competición, el movimiento irreflexivo, la falta de conexión con mis redes (familiares, de amigos, de compañeros de trabajo, de otros miembros de la sociedad, con todo lo que veo y lo que no veo como el aire, la contaminación, la calidad de las aguas, las energías que impregnan lugares personas y grupos…), el egoísmo, la ausencia de cooperación, de diálogo, de tolerancia, del interés por el bien común, del abuso de los recursos y no regenerarlos, del beneficio a cualquier coste sin importar el dolor social, los acosos, las violencias, las corrupciones…TODO ESTO LIGADO A ESTA MANERA DE VIVIR EL TIEMPO Y ESTE TIEMPO, QUIERO QUE FINALICE. Todo ello sin utopías. Sé la realidad que es, conozco a mis hermanos humanos, me conozca a mí y se que todo toma su tiempo. Aún asi, pongo mi grano de arena. Desde el único lugar desde el que puedo cambiar algo es desde mí mismo. Como una onda gravitatoria en el gran lago del universo podrá expandirse y tal vez, solo tal vez, si el proceso de los demás y del campo lo quiere empezar a su vez, se producirán variaciones. No es mi responsabilidad. Solo el mantener mi onda activa. Mi cambio en marcha. Lo demás…

Solo la inteligencia espiritual puede producir un salto de calidad de vida. Y ella está relacionada con la ética. Aquello que colabora en que la esencia del ser humano evolucione o la que lo frena. Lo demás ya ha demostrado que no funciona. Hemos visto seres muy inteligentes que emplean sus recursos en manipular y llevar a la humanidad hacia donde nos encontramos ahora. Solo la integración de la ética nos hará más humanos conectados con nuestro verdadero Gran Sueño Humano.

Desde todos estos planteamientos básicos quiero hablarte de las emociones básicas. Te voy a dar un enlace a una página de dos grandes especialistas: Mónica y Armando, en las que podrás ampliar todo estas ideas: http://www.todokine.com
Según podrás escuchar en sus vídeos, las tres primeras emociones son “operativas”:

El miedo. Situación en la que nos encontramos. Nos sirve para diagnosticar situaciones. Para identificar lo que sucede y si pone en peligro nuestra supervivencia ya sea emocional o física. Recuerdo que el miedo puede paralizarme, si está inflado (sobredimensionado en mí). Si esta desinflado (desactivado), me puede llevar a actos casi suicidas o sin reflexión. Emprender negocios sin tener en cuenta los riesgos, lanzarme a toda velocidad por una carretera… Cuando se encuentra en equilibrio pasa a la siguiente emoción.

Tristeza. Esta presenta tres funciones: darme cuenta de que he perdido algo, llorarlo y reflexionar sobre lo que voy a llevar a cabo. Ahora, con lo que experimentamos, creo que todos sentimos que existen pérdidas de relaciones, de dinero, de trabajos… Por eso dicen los chinos que el meridiano del pulmón está afectado (es el que tiene que ver con la tristeza) y además, de ideas, formas de vida y por esta razón también afecta al bazo. ¿Cómo se sale de la tristeza?Rabia: es la emoción por la cual decidimos qué hacer. Si está inflada es la ira. Podemos pagarlo contra terceros inocentes. Por ejemplo, problemas del trabajo, lo pagamos en casa con la familia. O contra uno mismo, nos culpabilizamos por todo. Si se encuentra desenchufada esta emoción de nosotros, son las personas que no saben decir que no. Equilibrada es la justicia. Es el recurso que nos saca de las enfermedades. Algunas de las situaciones que vemos ahora están relacionadas con que se toman pocas decisiones o son inadecuadas a nivel económico, social, personal…

Las tres siguientes emociones las podemos denominar emociones superiores.

El orgullo: quién soy. Sirve para crear. Si está inflado nos creemos por encima de los demás. En su sano nivel sabemos quiénes somos. Desinflado es el que se siente que es nada y que las decisiones las tome otro.

El amor que tiene que ver con el sentido de pertenencia. Acerca y aleja a las personas. Inflado es el que cree que todo el mundo es bueno. Equilibrado ponemos a cada uno en su lugar y en el aspecto desinflado es el que pone a todo el mundo fuera de su nivel de relación.

La alegría es qué deseas hacer con tu vida. Sentirte en paz con lo que imaginas de las cosas. Ayuda a salir de los problemas. Sin alegría, no se ve la luz, la alegría equilibrada da la certeza, imagina soluciones, ayuda a planificar el futuro. Y si está emoción esta inflada hace que veamos muchas soluciones, muchas salidas, pero ninguna en concreto.

Por lo tanto el miedo nos ha traído noción del límite. El personal en el que nos encontrábamos y el de la propia sociedad. Esto nos ha producido tristeza. Nos está informando de la pérdida. De seres queridos, de estilos de vida, de capital y dinero, de la confianza en nosotros y en los demás… Nos lleva a la rabia, a que actuemos. A salir de lo viejo para entrar en lo nuevo. Todo ello para saber quiénes somos en realidad, cuáles son nuestras verdaderas relaciones con los demás y con el mundo en el que vivimos. Y a través de la alegría qué deseamos hacer a partir de ahora con nuestra vida.

Quería hacerme eco de las palabras de una compañera facilitadores de Process Work. Ella me comentaba que en el Tao, cualquier movimiento que llevamos a cabo, en el fluir que supone el tejido de la existencia, es la preparación para el siguiente acto. Todo está encadenado. Comentaba ¿Y si todos los movimientos, cursos, relaciones, emprendimientos que hemos estado llevando a cabo hasta ahora nos ha dirigido a un mudra final, a un  broche energético para sellar la energía y dirigir la atención?

Me parece una bella reflexión que comparto. Ojalá a partir de ahora nada sea igual.

Una última reflexión, mi el mudra final.
Silencio. Quietud. Aquietarse. VACIO oriental, que no es la ausencia de todo, sino la posibilidad de que se llene de lo infinito. ESTAR. SER.

Si la gripe como refería al principio, nos pide parar, mirarnos, dirigir la mirada de fuera hacia dentro. Esta gran “gripe” ¿nos está comunicando tal vez lo mismo con ese grito de la Madre Tierra?

Ahora bien. Y yo soy el primero que hago ruido a través de estas palabras. Mis wssp, las redes están inundados de consejos, de videos, de intentos de no sentirnos solos y de conexión, de caos, barullo…. ¿es el sonido de lo que necesitamos ahora? ¿Dónde se encuentra el límite entre sentirme en conexión con mis redes y embarullar los canales con videos, rumores, noticias…?

Creo que es momento de volver adentro, de recogerme. Intentaré aprovechar este tiempo para no contaminar y contaminarme con más noticias con más barahunda… y dedicarme a CONECTAR CON MI ESENCIA. La cadena emocional de la que he hablado habla de eso.

Esta condición, tal vez es una oportunidad para dejar atrás una vieja manera, un paradigma fracasado y emprender una forma distinta de vernos y ver, de relacionarnos, de estar en el Mundo y con nosotros mismos. Que así sea.

Hombres que llegan a tu vida para reparar

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HAY HOMBRES QUE LLEGAN PARA REPARAR

Y entonces, hacen su diagnóstico precoz.
Te miran y te detectan.
Desembarcan en tu pequeño mundo como Colón en América. Pero no te conquistan. Ni te saquean. Ni te engañan.8710E31E-D226-4E08-A07E-D401BE728523

Ellos sólo traen amor en frasquitos.
Y hacen lo que tienen que hacer por tí.
Por tu Alma. Por tu dolor.
Por las ganas que tenías de encontrarte algo distinto en la vida. Hay hombres que saben. Aún sin saber. Aún sin sospechar.

Aún sin ser completamente conscientes de la importancia que tienen. Saben con otra sabiduría. Sonríen con otras sonrisas.
Dicen con otras palabras. Hacen magia. Hay hombres así.
Te lo juro. Los he visto. Los conozco. Los he visto actuar.

De lejos o de cerca. Los admiro.
A veces, me dejo emocionar con ellos.
Porque ellos tienen arte en las manos. Ellos te abren por el medio. Y tú no desconfías ni un segundo.
Porque ellos son amigos. Pero no son amigos comunes.
Son amigos raros. Son amigos de otros lados.
Son compañeros de estrella.

Llegan. Hacen. Dicen. Miran. Ven. No siempre vas a gustarles. No siempre te van a amar como quieres que te amen.
No siempre vas a amarlos como quieren que los ames.
Es otra cosa. Otra cosa.
Van a llegar para cumplir con el destino.
Van a llegar para mejorarte la vida un rato.
Para devolverte un favor de algún tiempo.
Para firmar un pacto.
Porque ellos son otra cosa.

Más profunda. Más extraña.
Más capaz de quedarse dentro tuyo.
Porque estos hombres vivirán en esos lugares
donde tu no permites entrar a nadie.
Porque tú te quedarás adentro de ellos como una niña que se queda mirando el mar en la playa de noche.

Hay hombres que llegan para reparar
a las mujeres que reparan.
Porque nacieron para eso.
Para curar a las que curan.
Para sanar a las que sanan.
Porque somos compañeros.
Amados. Amantes. Amorosos.

Y cuando dos compañeros así de bonitos se chocan,
se juntan, se entrelazan, se aman a su manera,
el universo festeja. El universo agradece.

(texto encontrado en la red)